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Entradas etiquetadas con "la tía tula".

La pureza no es del campo

Etiquetas: generación del 98, la tía tula, miguel de unamuno.

1st January 2019

Cuando ella le habló de volver ya a la ciudad, apresuróse él a aceptarlo. Aquella temporada en el campo, entre la montaña y el mar, había sido estéril para sus propósitos. "Me he equivocado —se decía también él—; aquí está más segura que allí, que en casa; aquí parece embozarse en la montaña, en el bosque, como si el mar le sirviese de escudo; aquí es tan intangible como la luna, y entretando este aire de salina filtrado por entre rayos de sol enciende la sangre..., y ella me parece aquí fuera de su ámbito y como si temiese algo; vive alerta y diríase que no duerme..." Y ella a su vez se decía: "No, la pureza no es del campo; la pureza es celda, de claustro y de ciudad; la pureza se desarrolla entre gentes que se unen en mazorcas de viviendas para mejor aislarse; la ciudad es monasterio, convento de solitarios; aquí la tierra, sobre que casi se acuestan, los une y los animales son otras tantas serpientes del paraíso... ¡A la ciudad, a la ciudad!

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Vivimos solas, hermana

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1st January 2019

Gertrudis tomó la mano de su hermana, con la otra le hizo levantar la frente, leclavó los ojos en los ojos y le dijo:
—Vivimos solas, hermana...
—¿Y el tío?
—Vivimos solas, te he dicho. Las mujeres vivimos siempre solas. El pobre tío es un santo, pero un santo de libro, y aunque cura, al fin y al cabo hombre.
—Pero confiesa...
—Acaso por eso sabe menos. Además, se le olvida. Y así debe ser. Vivimos solas, te he dicho. Y ahora lo que debes hacer es confesarte aquí, pero confesarte a ti misma. ¿Le quieres?, repito.
La pobre Rosa se echó a llorar.

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Lo que alegra

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1st January 2019

—Pues lo parece...
—Lo parece, sí, pero he llegado a creer que no lo está, porque yo, yo misma, ¿qué te parezco, Carita, triste o alegre?
—Usted, tía...
—¿Qué es eso de usted y de tía?
—Bueno, tú, mamá, tú... pues no sé si eres triste o alegre, pero a mí me pareces alegre...
—¿Te parezco así? ¡Pues basta!
—Por lo menos a mí me alegras...
—Y es a lo que nos manda Dios a este mundo, a alegrar a los demás.
—Pero para alegrar a los demás hay que estar alegre una...
—O no...
—¿Cómo, no?
—Nada alegra más que un rayo de sol, sobre todo si da sobre la verdura del follaje de un árbol, y el rayo de sol no está alegre ni triste, y quién sabe... acaso su propio fuego le consume... El rayo de sol alegra porque está limpio; todo lo limpio alegra... Y esa pobre Manolita debe alegrarte, porque a limpia...

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Fango que limpia

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1st January 2019

—Bueno, ¡hay que tener ánimo! Pensad bien, bien, muy bien, lo que hayáis de hacer, pensadlo muy bien... que nunca tengáis que arrepentiros de haber hecho algo y menos de no haberlo hecho... Y si veis que el que queréis se ha caído en una laguna de fango y aunque sea en un pozo negro, en un albañal, echaos a salvarle, aun a riesgo de ahogaros, echaos a salvarle..., que no se ahogue él allí... o ahogaos juntos... en el albañal; servidle de remedio, sí, de remedio...; ¿que morís entre légamo y porquerías?, no importa... Y no podréis ir a salvar al compañero volando sobre el ras del albañal porque no tenemos alas, no, no tenemos alas..., o son alas de gallina, de no volar..., y hasta las alas se mancharían con el fango que salpica el que se ahoga en él... No, no tenemos alas, a lo más de gallina...; no somos ángeles..., lo seremos en la otra vida..., ¡donde no hay fango ni sangre! Fango hay en el Purgatorio, fango ardiente, que quema a los que no quisieron lavarse con fango..., sí, con fango... Les queman con estiércol ardiente..., les lavan con porquería... Es lo último que os digo, no tengáis miedo a la podredumbre... Rogad por mí, y que la Virgen me perdone.

Le dio un desmayo. Al volver de él no coordinaba los pensamientos. Entró luego en una agonía dulce. Y se apagó como se apaga una tarde de otoño cuando las últimas razas del sol, filtradas por nubes sangrientas, se derriten en las aguas serenas de un remanso del río en que se reflejan los álamos —sanguíneo su follaje también— que velan a sus orillas.

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

¿Qué saben los escritores amatorios?

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1st January 2019

El amor, sí. ¿Amor? ¿Amor dicen? ¿Qué saben de él todos esos escritores amatorios, que no amorosos, que de él hablan y quieren excitarlo en quien los lee? ¿Qué saben de él los galeotos de las letras? ¿Amor? No amor, sino mejor cariño. Eso de amor ---decíase Ramiro ahora--- sabe a libro; sólo en el teatro y en las novelas se oye el yo te amo; en la vida de carne y sangre y hieso el entrañable ¡te quiero! y el más entrañable aún callárselo. ¿Amor? No, ni cariño siquiera, sino algo sin nombre y que no se dice por confundirse ello con la vida misma. Los más de los cantores amatorios saben de amor lo que de oración los masculla-jaculatorias, traga-novenas y engulle-rosarios. No, la oración no es tanto algo que haya de cumplirse a tales o cuales horas, en sitio apartado y recogido y en postura compuesta, cuanto es un modo de hacerlo todo votivamente, con toda el alma y viviendo en Dios. Oración ha de ser el comer, y el beber, y el pasearse, y el jugar, y el leer, y el escribir, y el conversar, y hasta el dormir, y rezo todo, y nuestra vida un continuo y mudo "hágase tu voluntad", y un incesante "¡venga a nos el tu reino!", no ya pronunciados, mas ni aun pensados siquiera, sino vividos. Así oyó la oración una vez Ramiro a un santo varón religioso que pasaba por maestro de ella, y así lo aplicó él al amor luego. Pues el que profesara a su mujer y a ella le apegaba veía bien ahora en que ella se le fue, que se le llegó a fundir con el rutinero andar de la vida diaria, que lo había respirado en las mil naderías y frioleras del vivir doméstico, que le fue como el aire que se respira y al que no se le siente sino en momentos de angustioso ahogo, cuando nos falta. Y ahora ahogábase Ramiro, y la congoja de su viudez reciente le revelaba todo el poderío del amor pasado y vivido.

Al principio de su matrimonio fue, sí, el imperio del deseo; no podía juntar carne con carne sin que la suya se le encendiese y alborotase y empezara a martillarle el corazón, pero era porque la otra no era aún de veras y por entero suya también; pero luego, cuando ponía su mano sobre la carne desnuda de ella, era como si en la propia la hubiese puesto, tan tranquilo se quedaba; mas también si se la hubiera cortado habríale dolido como si se la cortasen a él. ¿No sintió, acaso, en sus entrañas, los dolores de los partos de su Rosa?

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Mentira es en balde

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1st January 2019

Porque su amor a la verdad confundíase en ella con su amor a la pureza. Repugnábanle esas historietas corrientes con que se trata de engañar la inocencia de los niños, como la de decirles que los traen a este mundo desde París, donde los compran. "¡Buena gana de gastar el dinero en tonto!" —había dicho un niño que tenía varios hermanos y a quien le dijeron que a un amiguito suyo le iban a traer pronto un hermanito sus padres—. "Buena gana de gastar mentiras en balde" —se decía Gertrudis; añadiéndose—: "toda mentira es, cuando menos, en balde".
—Me han dicho que yo soy hijo de una criada de mi padre; que mi mamá fue criada de la mamá de mis hermanos.
Así fue diciendo un día a casa el hijo de Manuela. (...)

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Herencia de espíritu

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1st January 2019

¿Herencia? Se transmite por herencia en una colmena el espíritu de las abejas, la tradición abejil, el arte de la melificación y de la fábrica del panal, la abejidad, y no se transmite, sin embargo, por carne y por jugos de ella. La carnalidad se perpetúa por zánganos y por reinas, y ni los zánganos ni las reinas trabajaron nunca, no supieron ni fabricar panales, ni hacer miel, ni cuidar larvas, y no sabiéndolo, no pudieron transmitir ese saber, con su carne y sus jugos, a sus crías. La tradición del arte de las abejas, de la fábrica del panal y el laboreo de la miel y la cera, es, pues, colateral y no de transmisión de carne, sino de espíritu, y débese a las tías, a las abejas que ni fecundan huevecillos ni los ponen. Y todo esto lo sabía Manolita, a quien se lo había enseñado la Tía, que desde muy joven paró su atención en la vida de las abejas y las estudió y meditó, y hasta soñó sobre ella. Y una de las frases de íntimo sentido, casi esotérico, que aprendió Manolita de la Tía y que de vez en cuando aplicaba a sus hermanos, cuando dejaban muy al desnudo su masculinidad de instintos, era decirles: "¡Cállate, zángano!" Y zángano tenía para ella, como lo había tenido para la Tía, un sentido de largas y profundas resonancias. Sentido que sus hermanos adivinaban.

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Algo así debe ser el cielo

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1st January 2019

—Sí; eso es lo perfecto, una parejita de gemelos..., un chico y una chica que han estado abrazaditos cuando no sabían nada del mundo, cuando no sabían ni que existían; que han estado abrazaditos al calorcito del vientre materno... Algo así debe ser el cielo...

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Sororidad

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1st January 2019

La observación es que así como tenemos la palabra paternal y paternidad que derivan de pater, padre, y maternal y maternidad, de mater, madre, y no es lo mismo, ni mucho menos, lo paternal y lo maternal, ni la paternidad y la maternidad, es extraño que junto a fraternal y fraternidad, de frater, hermano, no tengamos sororal y sororidad, de soror, hermana. En latín hay sororius, a um, lo de la hermana, y el verbo sororiare, crecer por igual y juntamente.

Se nos dirá que la sororidad equivaldría a la fraternidad, más no lo creemos así. Como si en latín tuviese la hija un apelativo de raíz distinta que el de hijo, valdría la pena de distinguir entre las dos filialidades.

Sororidad fue la de la admirable Antígona, esta santa del paganismo helénico, la hija de Edipo, que sufrió martirio por amor a su hermano Polinices, y por confesar su fe de que las leyes eternas de la conciencia, las que rigen en el eterno mundo de los muertos, en el mundo de la inmortalidad, no son las que forman los déspotas y tiranos de la tierra, como era Creonte.

(...)

Antígona, la anarquista, según su tío, el tirano Creonte, modelo de virilidad, pero no de humanidad; Antígona, hermana de su padre Edipo, y, por lo tanto, tía de su hermano Polinices, representa acaso la domesticidad religiosa, la religión doméstica, la del hogar, frente a la civilidad política y tiránica, a la tiranía civil y acaso también la domesticación frente a la civilización. Aunque ¿es posible civilizarse sin haberse domesticado antes? ¿Caben civilidad y civilización donde no tienen como cimientos domesticidad y domesticación?

Hablamos de patrias y sobre ellas de fraternidad universal, pero no es una sutileza lingüística el sostener que no pueden prosperar sino sobre matrias y sororidad. Y habrá barbarie de guerras devastadoras, y otros estragos, mientras sean los zánganos, que revolotean en torno de la reina para fecundarla y devorar la miel que no hicieron, los que rijan las colmenas.

¿Guerras? El primer acto guerrero fue, según lo que llamamos Historia Sagrada, la de la Biblia, el asesinato de Abel por su hermano Caín. Fue una muerte fraternal, entre hermanos; el primer acto de fraternidad. Y dice el Génesis que fue Caín, el fraticida, el que primero edificó una ciudad, a la que llamó el nombre de su hijo —habido en una hermana— Henoc. (??Gén.,IV,17??.) Y en aquella ciudad, polis, debió empezar la vida civil, política, la civilidad y la civilización. Obra, como se ve, del fraticida. Y cuando, siglos más tarde, nuestro Lucano, español, llamó a las guerras entre César y Pompeyo plusquam civilia, más que civiles —lo dice en el primer verso de su Pharsalia— quiere decir fraternales. Las guerras más que civiles son fraternales.

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

Eva huérfana de humanidad

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1st January 2019

"(...) Huérfana también murió Eva...", pensaba Gertrudis. Y luego: "¡No; tuvo a Dios de padre! ¿Y madre? Eva no conoció madre... ¡Así se explica el pecado original!... ¡Eva murió huerfana de humanidad!" Y Eva le trajo el recuerdo del relato del Génesis, que había leído poco antes, y cómo el Señor alentó al hombre por la nariz soplo de vida, y se imaginó que se la quitase por manera análoga. Y luego se figuraba que a aquella pobre hospiciana, cuyo sentido de la vida no comprendía, le quitó Dios la vida de un beso, posando sus infinitos labios invisibles, los que se cierran formando el cielo azul, sobre los labios, azulados por la muerte, de la pobre muchacha, y sorbiéndole el aliento así.

  • de Unamuno, Miguel. La tía Tula. Navarra, España: Salvat, 1970.

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