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Entradas etiquetadas con "azorín".

Oficios de los pueblos

Etiquetas: azorín, generación del 98, tiempos y cosas.

5th January 2019

Una golondrina cruza rauda; se oye el susurro de una fuente, y de cuando en cuando el ruido de un viejo telar rompe el silencio con su traqueteo rítmico. El pueblo era antaño famoso por sus telares: Etait jadis importante —dice el Baedeker— pour ses tissanderies. Poco a poco los antiguos pelaires y tejedores han ido desapareciendo; las máquinas gigantescas y despiadadas han matado a los lentos y patriarcales artefactos, y hoy, sólo en alguna escondida calleja desierta y silenciosa, se escucha al pasar el trac-trac de un venerable telar que vive agazapado en un zaguán y nos habla con su voz centenaria...

Yo he escrito en otras varias ocasiones sobre todos estos oficios clásicos de los pueblos: los fragüeros, los tundidores, los correcheros, los peltreros, los zurradores; algo como el alma de las viejas ciudades, laborada a través de los siglos, alienta en sus talleres. No busquéis el espíritu de la historia y de la raza en los monumentos y en los libros: buscadlo aquí; entrad en estos obradores; oíd las palabras toscas y sencillas de estos hombres; ved cómo forjan el hierro, o cómo arcan las lanas, o cómo labran la madera, o cómo adoban las pieles. Un mundo desconocido de pequeños hechos, relaciones y tráfagos, aparecerá ante vuestra vista, y por un momento os habréis puesto en contacto con las células vivas y palpitantes que crean y sustentan las naciones.

  • Azorín. "El doctor Dekker está satisfecho". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

El labriego y Madrid

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6th January 2019

El labriego ha observado que todos estos señores que son diputados, o que quieren serlo, viven en Madrid; que van a Madrid de cuando en cuando; que de allí vienen órdenes y cartas que suelen producir rumores y hablillas en el pueblo durante unos días, y que a consecuencia de estas idas y venidas, cartas y órdenes, los alcaldes se mudan, los consumos pasan de unas manos a otras, y unos hombres que antes estaban lejos de la alcaldía comienzan a hacer en ella los mismos chanchullos y desavíos que hasta ese momento habían realizado los otros... Y ya el dilema, formidable, se va simplificando más y más; para el labriego solo existen dos términos fundamentales: el pueblo, que es donde vive él y donde trabaja, y Madrid, que es donde viven todos estos señores que no trabajan y a los que acuden los señores del pueblo. El antagonismo entre los dos términos está ya claro. Los ingenuos que crean que el catalanismo es cosa de comités, círculos, sociedades y manifiestos pueden apearse de su error: existe en toda España, en el pueblo bajo, en la célula, un rencor latente y sordo contra la burocracia y la política, encarnadas en Madrid.

  • Azorín. "El doctor Dekker está satisfecho". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

Un inglés no se equivoca nunca

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6th January 2019

Hemos llegado. Un coche nos conduce por una empinada carretera llena de hoyos y desniveles; el doctor Dejjer y yo saltamos y chocamos violentamente en nuestros asientos. El insigne doctor desborda a cada salto de alegría. ¿Comprendéis su profunda satisfacción? Un inglés no se equivoca nunca: esta es una máxima infalible, y el doctor Dekker acaba de comprobar sobre el terreno que la Enciclopedia Británica (volumen XXV) es justa cuando, hablando de los caminos de esta tierra, afirma lo siguiente: The roads are not in very good condition. Un inglés no se equivoca nunca. ¿Os formáis ya idea del paradójico regocijo del ilustre doctor cada vez que la marcha sinuosa del coche le hace dar un desagradable testarazo?

  • Azorín. "El doctor Dekker está satisfecho". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

Hay una nueva belleza

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7th January 2019

Todo tiene su valor estético y psicológico: los conciertos diminutos de las cosas son tan interesantes para el psicólogo y para el artista como las grandes síntesis universales. Hay una nueva belleza, un nuevo arte en lo pequeño, en los detalles insignificantes, en lo ordinario, en lo prosaico; los tópicos abstractos y épicos que hasta ahora los poetas han llevado y traído ya no nos dicen nada; ya no se puede hablar con enfáticas generalidades del campo, de la Naturaleza, del amor, de los hombres; necesitamos hechos microscópicos que sean reveladores de la vida y que, ensamblados armónicamente, con simplicidad, con claridad,,nos muestren la fuerza misteriosa del Universo, esta fuerza eterna, profunda, que se halla lo mismo en las populosas ciudades y en las Asambleas donde se deciden los destinos de los pueblos que en las ciudades oscuras y en las tertulias de un Casino modesto, donde D. Joaquín nos cuenta su prosaico paseo de esta tarde.

  • Azorín. "Confesión de un autor". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

Las cosas en su síntesis diaria

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7th January 2019

Ya han sonado allá abajo, en la iglesia, las primeras campanadas graves, profundas, de misa mayor; las herrerías ya están cantando; un gallo cacarea a lo lejos con un grito fino, metálico; el carpintero golpea de tarde en tarde con su mazo sonoro. Este es el momento en que todos los ruidos, todas las luces, todas las sombras, todos los matices, todas las cosas de la ciudad tornan a entrar, tras la tregua de la noche, en su armoniosa síntesis diurna. ¿No sentís vosotros esta concordancia secreta y poderosa de las cosas que nos rodean? ¿No veis en esta pequeña ciudad una vida tan intensa, tan bella como la de las más grandes y tumultuosas urbes del mundo?

  • Azorín. "Confesión de un autor". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

Resto de amor a la lectura

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8th January 2019

Yo, pequeño filósofo, amo observar las calles, las tiendas, los interiores, los mercados, los talleres, el ir y venir de los transeúntes, los gritos, los gestos, la manera de andar; yo voy marchando por las calles lentamente, apoyado en mi bastón o en mi paraguas. Cuando se va llegando a cierta edad en la vida, cuando hemos pasado largos años de juventud sobre los libros —millares de libros— y vemos que los libros dicen casi todos lo mismo, entonces —si el espíritu de curiosidad se mantiene vivo en nosotros— comenzamos a sentir un íntimo placer en la observación de las cosas triviales, diarias, prosaicas de la existencia, y, aun observando un resto de amor a la lectura, todo ese espíritu de curiosidad que antes hemos empleado en la letra impresa lo llevamos ahora a los gestos y las palabras vivas. Y entonces también, ya calmados un poco por los años, ya un poco desencantados de las sabidurías humanas, ya casi libres de las ilusiones de nuestra juventud, principamos a ver en su verdadera luz a los hombres, y vamos descubriendo la complicada y honda raigambre de las acciones humanas, y cómo todo se encadena en el vivir, y es fatal y es ineludible. Y entonces tal vez acaban de disiparse nuestros odios, nuestros rencores, nuestras indignaciones o nuestros entusiasmos de la mocedad. Y acaso queda como sedimento en el espíritu una ironía indulgente o amarga, o un desprecio suave.

  • Azorín. "Para amigos y enemigos". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

El espíritu se agiganta

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8th January 2019

Y en este sosiego provinciano, ante las mismas caras siempre, ante el mismo paisaje siempre, vuestro espíritu va divagando por las regiones del ensueño, y vuestro yo se crece, se aísla, se agiganta, se desborda hasta en vuestros menores piques y obras...

  • Azorín. "La psicología de Pío Cid". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

Pío Cid no puede renunciar a la razón

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8th January 2019

Y de este modo, todo su mundo es interno, es decir, todo el mundo es él mismo. «Me enamora sobre todo la vida del espíritu», dice él. Hace doscientos o trescientos años, Pío Cid hubiese sido un predicador incansable y ardoroso, como Juan de Ávila, o hubiera escrito inflamados tratados místicos, como Granada; hoy le falta lo esencial, lo indispensable, para ser una y otra cosa; es decir, le falta la fe. «Si queremos ser cristianos —decía en su Catecismo el arzobispo toledano Bartolomé Carranza, con palabras que son una formidable crítica del dogma—; siqueremos ser cristianos, es necesario, para nuestra navegación en la mayor parte de la vida, perder este norte de la razón y navegar por la fe y reglar nuestras obras por ella, especialmente en cosas que conciernen a la religión y a sacramentos cristianos.» ¿Se puede en el siglo XX renunciar al norte de la razón tan fácil e impunemente como tal vez pudiera hacerse en el XVI? No, de ningún modo. Pío Cid no puede renunciar a la razón, y, sin embargo, experimenta la necesidad de la fe. Y ¿cómo este hombre, que tiene toda la recia contextura de un místico, que posee su misma mentalidad, que lleva la misma vida interior; cómo este hombre vive, cómo no es devorado por su misma ansia irrealizada e irreducible?

Y yo satisfaré vuestras preguntas diciendo que cuando estas ansias de fe se sienten y no se pueden aplacar derechamente, el espíritu forcejea y desvaría, buscando sustituciones y conciliaciones más o menos eficaces y estables. (...)

  • Azorín. "La psicología de Pío Cid". Tiempos y cosas. Navarra, España: Salvat, 1970.

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